COLUMNA DOMINICAL
EL DEPORTE NO ES SALUD
Por: Julián David Rincón Rivera (Colombia)
Correo electrónico: electrónico: rinconriverajulian@gmail.com

Tenía la intención de explicar por qué el deporte no es salud, sin embargo, Hank me dijo que esa era una idea un tanto inadecuada y obsoleta
—Dígalo todo —dijo—. Tanto lo bueno como lo malo.
Dado que lo bueno está más que entendido y asumido, solo nos queda lo malo.
Para los que no lo saben, soy profesional en deporte y recreación, aunque no lo parezca. ¿Una persona que tiene el título, pero no ejerce, puede seguir considerándose como un profesional? Ya decía yo que el apelativo no me quedaba. Digamos que soy un profesional “a medias”, como para no desacreditar del todo el tiempo y el esfuerzo empleados, pero tampoco suponer ser algo que no soy.
Eso de que el deporte es salud parece más una muletilla que un hecho. Es como uno de esos estribillos que se repiten por pura tradición, pero sin fundamento. La tradición encuentra su objeción en el conocimiento, apoyado por la ciencia, que a su vez se fundamenta en la tecnología. Así que eso de que el deporte es salud no es del todo cierto.
Digámoslo de una manera rápida y sencilla: el deporte no se puede considerar necesariamente salud, ya que el principal objetivo de este no es la promoción de la salud. Antes encontramos el elemento competitivo que lo caracteriza y su ambición por la victoria.
¡Ganar a toda costa!
Aunque esto aplica rigurosamente al deporte de alto rendimiento. No es de extrañar, entonces, las muertes de varios deportistas en el desarrollo de su profesión. El deporte de alto rendimiento, precisamente, es una actividad que implica una altísima exigencia, no solo a nivel físico. Implicaciones a nivel fisiológico, psicológico, mental y emocional también hacen parte de este proceso. Ser deportista de alto rendimiento no es fácil. ¿Qué se necesita?
Según varias teorías y principios de la iniciación deportiva, la competición debe empezar a implementarse en procesos de formación alrededor de los 8, 10 y 12 años. Esta implementación se hace de manera lenta, progresiva y controlada. Durante este proceso, se puede empezar a hablar de alto rendimiento, en sus primeras etapas, alrededor de los 18 años. Lo interesante aquí es ver pelaos de 14, 15 y 16 años compitiendo al más alto nivel en diferentes modalidades deportivas.
¿Qué ha pasado aquí?
El conocimiento evoluciona; las teorías cambian; los principios que hoy son regla mañana pueden estar completamente obsoletos. El desarrollo tecnológico es el responsable, pues avanza con una velocidad estrepitosa y modifica constantemente los principios teóricos y las bases del conocimiento. En este sentido, puede que los principios con los cuales me formé profesionalmente se hayan modificado, dando luz verde a la implementación del alto rendimiento en edades de formación. ¿A qué costo?
Internet suele implementar la estrategia de la comparación para darnos un ejemplo. ¿Qué hacías tú a los 15, 16, 17 años? Mientras plantean la pregunta, presentan al joven deportista con la edad citada logrando una proeza deportiva. En la referencia suele presentarse la gratificación de la recompensa, la satisfacción de un gran logro alcanzado. ¿Qué hay detrás de todo ello? Evidentemente, mucho esfuerzo, sacrificio, disciplina, voluntad y mucho más. ¿Es realmente un joven de esta edad consciente de todo este proceso? ¿Es realmente el logro deportivo el deseo de un joven de esta edad?
Detrás de este joven deportista están unos entrenadores, preparadores, psicólogos, fisioterapeutas y muchos más profesionales que imponen sus reglas “profesionales” al joven deportista para explotar su talento. ¿Hasta qué punto estos profesionales pueden “manipular” al joven deportista?
Digámoslo: un joven en edad de formación hasta ahora está desarrollando un criterio y juicio personal para tomar decisiones. De igual forma, el contexto al cual el joven deportista está sometido lo puede llevar a desarrollarse de manera acelerada, no solo en un aspecto físico, deportivo o de rendimiento. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que un joven deportista es mucho más “maduro” que un joven tradicional de su misma edad. Esto me lleva a preguntarme: ¿Qué tanto ha perdido el joven deportista para desarrollar esas cualidades y potenciar su talento?
Esta forma de “obligación” imposibilita al joven deportista disfrutar de ciertas experiencias y vivencias típicas de su edad. Es como si el joven dejara de ser joven para ser algo más que un simple joven. Asimismo, existen casos en los cuales a muchos de estos jóvenes no les queda de otra más que acoger y adaptarse a este tipo de vida, por diferentes motivos o circunstancias.
En la universidad tenía un compañero que era un ferviente aficionado al fútbol. Veía fútbol, hablaba fútbol, comía fútbol, respiraba fútbol. Todo con igual pasión e intensidad. Su entusiasmo nos causaba algo de molestia, ya que para él no existía otra cosa más que el fútbol. La mayoría de nosotros, estudiantes de deporte y recreación, éramos futbolistas frustrados que, por diferentes razones, no llegamos a consolidar el sueño de ser deportistas. Él había encontrado en la formación una posibilidad para seguir ligado al deporte. Tenía su propia escuela de fútbol, que dirigía y controlaba con esmero y pasión. Así nos lo hacía saber cada vez que compartía con nosotros sus experiencias y anécdotas. Un día, mientras estaba de pie en la zona técnica dirigiendo a su equipo en un torneo, llamó a su delantero con la intención de darle indicaciones. El jugador se acercó a la zona técnica con el propósito de recibirlas. Era como si el jugador se desentendiera por completo del desarrollo del juego. El equipo rival estaba a la ofensiva, así que los defensores se desentendieron del delantero. Al momento de retomar la posesión del balón, el arquero mandó un pelotazo al otro lado del campo, donde el delantero, que aparentemente estaba recibiendo indicaciones, corrió sin marca del equipo rival, lo que le facilitó llegar al arco y marcar el gol que, según cuenta mi compañero, les dio la victoria en el juego. Todo lo tenían fríamente planeado y calculado.
Mi compañero lo dijo todo con un orgullo que me reclamaba aprobación. Así lo hice, para complacerlo, no sin dejar de pensar en las repercusiones de sus acciones y decisiones como formador deportivo.
El fútbol fue el deporte de cabecera en mi proceso de formación. Esta experiencia me permite afirmar, sin temor a equivocarme, que el deporte formativo está mal encaminado y direccionado. Se prioriza la competición y la ambición de la victoria en las etapas de formación, contradiciendo las prioridades de la iniciación y formación deportiva en estas edades. De hecho, es fácil reconocer cómo, a razón de esta ambición por la victoria, los entrenadores persuaden a los jóvenes deportistas a cometer actos “antideportivos” con tal de sacar provecho de las circunstancias y asegurar la victoria. Les enseñan a botarse al terreno de juego fingiendo una falta, simular, golpear o insultar. Incluso llegan a sugerir “romper” a algún contrincante talentoso. Les enseñan mañas a los pelaos que, a largo plazo, pueden terminar influyendo inconscientemente en la formación de deportistas mañosos, tramposos y aprovechados. De igual forma, y a razón de este afán por la competición y la victoria, se expone a los jóvenes deportistas a riesgos que no corresponden a su desarrollo deportivo. Es así como se encuentran jóvenes deportistas con lesiones graves que perjudican su desempeño y limitan su rendimiento y práctica deportiva cuando apenas están en etapa de formación. El resultado: deportistas frustrados a razón de lesiones en su proceso de formación que no son tratadas y manejadas adecuadamente, lo cual desencadena en complicaciones crónicas.
Hank parecía inconforme. Quería más vehemencia, más vigor, más intensidad. Quería una confesión exagerada que no se fundamentaba en la realidad. Le dije que no podía hablar de esa manera si pretendía ser objetivo. No dijo nada. Simplemente desapareció. Me pregunto si algún día lograré complacerlo.
AUTOR: JULIÁN DAVID RINCÓN RIVERA (COLOMBIA)
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Julián David Rincón Rivera, segundo de dos hijos, nacido en Bogotá, Colombia el 7 de abril de 1994. Profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación.
Lector apasionado, escritor por elección, músico por diversión.
Cuenta con tres publicaciones antológicas con la editorial ITA, además de dos publicaciones en proceso, también de carácter antológico, con factor literario y la editorial mítico.
Con varias publicaciones en revistas de américa latina, encuentra en la escritura el mejor sustento para su vida.
Instagram: @relatero_literal
